Vivienda colaborativa: una alternativa que potencia el habitar colectivo y la colaboración

La “vivienda colaborativa” es entendida como una tipología de iniciativas de vivienda colectiva principalmente liderada por los residentes, quienes, se organizan de forma colectiva para coproducir sus viviendas con la ayuda de diferentes organizaciones o profesionales. 

Valentina A. Cortés Urra es Arquitecta y Magíster en análisis geográfico de la Universidad de Concepción, Chile. Actualmente está en el segundo año de su doctorado como parte del grupo “Co-Lab Research” en la facultad de Arquitectura y Medio Ambiente Construido de la Universidad Tecnológica de Delft, en Países Bajos, donde está investigando nuevas formas de vivienda.

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“Mi investigación se denomina: “Vivienda colaborativa para Chile: una exploración de oportunidades y barreras”. El estudio que estoy realizando persigue entender cómo las iniciativas y formas de vivienda colaborativa se desarrollan en Europa, la definición de arquetipos de vivienda colaborativa basado en el análisis de sus dimensiones y los proyectos de Europeos existentes. La idea es finalizar, en el cuarto año, con la definición de posibles escenarios y guías de implementación enfocadas en residentes, comités, ONG y personas interesadas en desarrollar estas iniciativas”.

A lo anterior, Valentina agrega que “el término vivienda colaborativa se basa en la definición de diversos autores Europeos, entendiéndolo como un término “paraguas” que alberga diferentes formas de vivienda lideradas por sus residentes. Personalmente, estoy enfocada en analizar cómo estas podrían ser implementadas en Chile respondiendo al contexto actual del país. Así como también, analizar en qué medida proyectos actuales en Chile, e iniciativas como Vivienda Local, abordan en sus propuestas aspectos y dimensiones de la vivienda colaborativa”.

¿Qué te motivó a elegir este tema?

Mi interés surgió cuando estaba en la universidad de Concepción estudiando la carrera de arquitectura. Me di cuenta de que existía una necesidad de vivienda que iba más allá de la necesidad cuantitativa (número, cantidad). Una necesidad latente en términos cuantitativos, cualitativos y sociales a diferentes escalas considerando aspectos como; la participación inclusiva, la colaboración, el capital social y el enfoque de “satisfacer las necesidades de vivienda de los residentes”.

¿Cuáles han sido los principales resultados de tu investigación?

En esta etapa de mi investigación, estoy definiendo los aspectos de la vivienda colaborativa Europea, así como el contexto y los déficit de vivienda en Chile, en todas sus dimensiones. Algunos resultados generales del primer año de doctorado, muestran que -tanto los estudios generados por académicos en Europa, así como el número de iniciativas de esta tipología de vivienda- crecen día a día como respuesta a la necesidad de vivienda. 

Si bien estas iniciativas están aumentando, aún no son consideradas como una forma de provisión tradicional en los diferentes sistemas de vivienda. Sin embargo, en algunos países acá en Europa, facilitan su desarrollo otorgando ayuda económica o arrendando terrenos estatales a estos colectivos para su construcción.

Por otro lado, en Holanda, por ejemplo, hasta noviembre 2019 existían 816 proyectos de vivienda colaborativa (investigación en desarrollo de Co-Lab Research, con el proyecto Co-Lab mapping: estudio cuantitativo de las iniciativas de vivienda colaborativa en Europa).

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En paralelo al contexto Europeo, en las entrevistas realizadas en mi estudio de campo, pude ver que en Chile existen interesados/as (residentes, académicos, ONG, constructoras y organizaciones sin fines de lucro) en que la vivienda colaborativa se desarrolle formalmente. Pude confirmar en terreno que los residentes reconocen la necesidad de vivienda y que, a lo largo los años, han intentado desarrollar nuevas tipologías, tanto informales -observadas en los campamentos y tomas de terreno- como formales, con el desarrollo de cooperativas cerradas de residentes. Dichas iniciativas se han visto enfrentadas a barreras legales, normativas y económicas que les impiden llevar a cabo estos proyectos de vivienda de forma colectiva de forma práctica y sencilla.

En varios artículos catalogan este modo de habitar, colaborativo, como una buena opción para la vejez, ¿crees que es posible vivir de esta forma en otras etapas de la vida?

Personalmente, pienso que sí. He podido observar que en algunos lugares de Europa -a diferencia de Chile- que existe un reconocimiento de las diferentes etapas en la vida del habitante. Por ejemplo, el ciclo de la vida general podría reconocer inicialmente, un período de estudiante en el/la usuaria/o necesita vivir con compañeros/as, si bien esta tipología de vivienda que no es reconocida como vivienda colaborativa en sí, es una forma de habitar colectivo. Luego crecemos y se observa un cambio de ciclo nuevamente, cuando se quiere formar una familia, donde la necesidad del espacio cambia, tal vez, a un espacio con diferentes características que el anterior. En la vejez puede que ya no necesites más de ese mismo espacio, sino un espacio flexible con personas de tus mismos intereses o uno multi-generacional, que permita al habitante mantenerse socialmente activo.

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Este ciclo, en Chile, puede ser visto de otra forma. Desde un punto de vista personal, siento que el “habitar” una vivienda en Chile no es un derecho, ya que no todos podemos acceder de forma igualitaria a ella. Algunos autores chilenos observan la vivienda como “un bien de consumo”, que en algún momento puede ser heredado a la familia o vendido en caso de emergencia económica. En cambio en Europa, por lo que he visto en este primer año de investigación, la vivienda  es más cercana a ser reconocida como un derecho, al igual que el “habitar”.

¿Cuáles son los principales beneficios o ventajas de las viviendas colectivas y colaborativas?

Una de las principales ventajas, en términos económicos, es el “ahorro” dinero relacionado a la compra y a las dimensiones de terreno para desarrollar los proyectos. Al parecer, en la mayoría de los proyectos de vivienda colaborativa, existen áreas exteriores e interiores colectivas. -Por ejemplo, para desarrollar un complejo de 10 viviendas, ya no sería necesario proyectar 10 patios individuales sino, 1 o 2 colectivos diseñados con diferentes funcionalidad espacial (de uso). Lo que en sumatoria reducirá la dimensión del terreno, abaratará costos y favorecerá a sus residentes, ya que no será de uso exclusivo sino compartido-. 

En la dimensión social, se intentan abordar problemáticas de inclusión y cohesión orientadas a una audiencia multi-generacional. Otra ventaja, en términos de agenda ambiental, es que se pueden implementar nuevos sistemas sustentables y sostenibles, como sistemas de regadío eficiente, recolección de agua y de energía solar. Se pueden crear granjas urbanas comunitarias, donde los habitantes pueden plantar o tener animales.

Según lo que conoces de Vivienda Local, ¿qué dimensión de lo colaborativo ves en nuestra forma de trabajo?

A priori en una etapa inicial de análisis, pude observar es que ustedes como ONG integran al residente en el proceso de gestión, diseño de la vivienda, y que ellos también construyen -con ayuda o asesoría de ustedes-. Bajo su metodología los residentes tienen la posibilidad de construir y ser parte del proceso, que es algo no todos los proyectos de vivienda estandarizados permiten. Pienso que en términos organizativos o más bien de gestión, Vivienda Local responde a algunas dimensiones de vivienda colaborativa.

Viviendas colaborativas en Chile: ¿una alternativa posible?

Dadas las características y ventajas de la vivienda colaborativa Europea, surge el interés por verificar si es factible establecer procesos similares de sistematización en la producción de vivienda, en países con modelos económicos como el Chileno.

En base a lo anterior, Valentina comenta que sí lo cree posible, pero que para ello se debe generar esta apertura de beneficios, subsidios, apoyo técnico que brinden las herramientas para que las familias puedan desarrollarlo sin enfrentarse a una gran variedad de obstáculos. 

“Pienso que tenemos mucho que aprender para avanzar en dirección de integrar iniciativas de “vivienda colaborativa” en Chile, como parte del sistema de provisión de vivienda. Creo que es un proceso largo, que implica ciertos cambios normativos enfocados en generar beneficios para la obtención de viviendas y cambios en las regulaciones locales para su construcción”.

¿Por qué cuando hablamos de habitar colaborativo o colectivo, tendemos  pensar mayoritariamente en los sectores medios y más vulnerables -económicamente hablando-?

De los hallazgos de mi investigación, observados hasta ahora, tanto en los casos internacionales como nacionales, se observa que estas formas se pueden dar en diversos niveles socioeconómicos. Más adelante espero tener un mayor análisis de la variable económica para compartir con ustedes.

¿Crees que esta forma de convivencia pueda llegar a ser transversal y aportar a disminuir de alguna forma la desigualdad?

Imagino –de forma positiva- que sí, que se logrará diseñar y construir esta tipología de vivienda como parte del sistema formal de provisión de vivienda chileno. Para lograrlo sería necesario un esfuerzo de todos sus actores, no solo de los habitantes sino también los municipios, ONG´s, constructores, diseñadores y planificadores de la ciudad, en trabajar de forma colaborativa e integrada para planificar/diseñar la ciudad y la vivienda.

A raíz de la actual situación mundial, la vivienda ha cobrado otro nivel de importancia y algunos apuntan a que en un futuro se transformará en un espacio multidimensional, que albergará trabajo, intimidad y ocio. ¿cómo crees que esto impactaría en nuestra sociedad?

Según los primeros resultados de mi investigación, la vivienda en Chile no se está reconociendo como un espacio de estas características, es por eso que pienso que la vivienda actual no satisface a cabalidad todas las necesidades del usuario. Creo que, incluso desde antes de la pandemia, la vivienda debería ser considerada como un espacio multifuncional, pero no solo en términos de recreación, trabajo e intimidad, sino que como un lugar donde los habitantes puedan relacionarse y conectarse con su barrio y vecinos a una escala local. El término multifuncional es súper amplio, y espero a final de este año publicar un artículo sobre este tema.

En ese contexto, y según tu perspectiva, ¿cuál debería ser el rol de los arquitectos/as?

Pienso que los arquitectos/as deberíamos estar constantemente en un proceso de aprendizaje, de  educarnos sobre cómo funcionan estas nuevas formas (de vivienda colaborativa), cómo se desarrollan en otros contextos y cómo se gestionan en términos normativos.

Es compleja esta pregunta, ya que nuestro rol como arquitectos debería considerar muchas dimensiones de análisis y estudio previo. Como mencioné anteriormente, esto requiere realizar estudios de vivienda, enfocados en descubrir las necesidades reales de los usuarios. Mientras, a su vez, se investiga la transferibilidad de estas formas en términos arquitectónicos, funcionales, normativos, de gobernanza y económicos, relacionados al generar el apoyo estatal y la asequibilidad de las viviendas.

Estos aspectos son primordiales para los arquitectos, especialmente el aspecto de “incluir al residente”, para entender a las familias y ser capaces de transformar sus necesidades a espacios habitables. Si bien no todos tenemos los mismos conocimientos técnicos o de arquitectura, siempre debemos recordar que los usuarios saben cómo quieren vivir y son conscientes de sus necesidades. Pienso que nuestro rol va alineado al conocimiento y a la práctica de saber “transmitir” la necesidad real del usuario a la proyección de su vivienda y espacios habitables.