El Déficit cualitativo y la vivienda inadecuada en Chile

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–42% del déficit habitacional corresponde a la necesidad de reemplazar unidades deterioradas (Análisis CCHC, 2019).
– Un millón 217 mil viviendas requieren algún tipo de mejora o ampliación (Casen, 2015).
– 66,2%  hogares presentan problemas de eficiencia energética en la vivienda (INE 2018, Casen 2017).
– 21% personas pasan frío al interior de sus viviendas en invierno (ENE 2016).
 – 22.6% hogares realizan un gasto excesivo en energía (EPF, 2017).

En Chile se ha avanzado mucho en materia habitacional en los últimos cuarenta años. El número de viviendas ha crecido en mayor proporción que la población, se ha disminuido el hacinamiento y ha mejorado la materialidad y sistemas constructivos de las viviendas definitivas. A pesar de esto persisten importantes problemas que han sido generados por la misma política habitacional, debido a su enfoque en lo cuantitativo, dejando de lado los aspectos cualitativos.

Esta política ha potenciado, en torno a la vivienda social, una lógica de la producción en masa, estandarizada, que al poner ojo en la estadística pierde el foco en las necesidades reales de las familias. Carece de un sentido de planificación y se mueve solamente por una regulación que permita entregar las suficientes garantías e incentivos a la inversión privada, para que el proyecto sea factible económicamente. Este sistema requiere de una gran inversión económica, que funciona como un dinamizador subsidiario del mercado inmobiliario social con una gran demanda, donde la calidad de vida de los usuarios finales no es el tema principal y queda a la suerte, incrementado problemas como la segregación y viviendas sociales inadecuadas, la cuales al poco tiempo devalúan sus valores de uso y cambio, requiriendo una reinversión a corto o mediano plazo. 

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Imagen 1. Panorámica Villa las Naciones y barrios circundantes (fuente: Vivienda social y segregación: Una aproximación para entender las diferencias entre grandes y pequeñas ciudades. Autor: Luis Vergara, 2017).

De la vereda del frente, alejados de toda lógica subsidiaria y sistémica, sigue avanzando en paralelo una bola de nieve, que es la autoconstrucción sin asistencia, alternativa que abrazan sujetos sociales que por algún motivo, ya sea legal, económico, no ven sus necesidades resueltas en la lógica de producción de vivienda propuesta por el estado ni su mercado inmobiliario social.

Si bien no existen cifras exactas, podemos darnos cuenta al echar un simple vistazo, que los paños habitacionales urbanos y rurales se densifican y crecen de forma descontrolada y quienes practican la autocosntrucción sin asitencia de vivienda, no son exclusivamente los sectores más vulnerables, sino que engloba a un gran segmento de la población que por un tema económico, pero además fuertemente  cultural han prescindido históricamente de los servicios profesionales, por considerarlos innecesarios o algo que simplemente está lejos de su alcance.

Dentro de esta forma de producción de vivienda existe un amplio abanico de alternativas, según las posibilidades de cada autoconstructor. Vamos desde las más precarias, sin servicios y que brotan en terrenos irregulares con una mediagua, hasta proyectos de gran inversión incluso con obras de habilitación, como pilares y muros de contención. Otro actor un cuanto antagónico, pero que debemos mencionar son las viviendas prefabricadas, que responden más a una lógica de mercado y debido a su bajo estándar de calidad, por lo general terminan siendo un híbrido mejorado que parte de algo estandarizado. Como menciono anteriormente, no existen cifras de cuanto es el capital social que se invierte por año en autoconstruccion, pero si hacemos una relación visual ya podemos darnos cuenta de su importancia.

Nos interesa resaltar los valores intrínsecos de la autoconstrucción, los cuales paradójicamente son los que hacen falta en las políticas de vivienda actual, como por ejemplo: la real participación del futuro usuario, el levantamiento de redes de colaboración social, la activación del trabajo y comercio local. Lo que se puede leer a veces en la forma arquitectónica resultante, pero más aún en el apego e identidad que genera una vivienda que se ha parido para responder a una necesidad específica, emplazada para y desde un lugar y entorno particular.

A pesar de estos valores, – ¿por qué la autoconstrucción, se relaciona mayormente a una imagen de pobreza y precariedad?- Para responder esta pregunta, basta revisar las catástrofes de todo tipo que ocurren en nuestro país y nos vamos a dar cuenta que siempre los afectados son los mismos. Si miramos los casos urbanos, encontramos viviendas que usualmente se emplazan en terrenos muy densificados, sin sistemas de cortafuego, o las estructuras de habilitación y contención no son las más adecuadas para soportar asentamientos de terreno ni movimientos sísmicos.  También, al ser proyectos sin planificación, existe una gran incertidumbre en los presupuestos de materiales y sistemas de pago para mano de obra, que muchas veces ocasionan proyectos inconclusos, en los cuales se pierden los recursos invertidos. A esto se suman, problemas de aislación, condensación, ventilación, entre otros que son ocasionados por la falta de un diseño optimizado.
Sin ahondar más, podemos asumir que las familias que emprenden un proceso de autoconstrucción sin asistencia, a pesar de estar haciendo la o una de las inversiones más grandes de su vida, la están haciendo muy a ciegas y corriendo una sumatoria de diferentes riesgos, que se justifican cada vez menos en la medida que la inversión en la construcción aumenta.

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Imagen 2. Fotografía Cerro Santo Domingo, Valparaíso. (fuente: el autor, 2019).


Convergencia de las diferentes formas de producción de vivienda, hacia el déficit cualitativo.

Las cifras actuales expuestas al inicio, son reflejo a nuestro parecer, del mayor paradigma en torno a la vivienda hoy. Ya que existe una convergencia hacia los mismos problemas, entre la forma en que se produce vivienda a través de las políticas habitacionales y la producción de vivienda “irregular” a través de la autoconstrucción, afectando de lleno al amplio segmento de nuestro país, a quienes nos cuesta acceder a una vivienda a través de los canales anteriormente expuestos.

Podemos evidenciar entonces que la forma de producción de viviendas sociales que se ha utilizado en los últimos cuarenta años se ha focalizado en la estandarización de los procesos, lo que ha sido un gran avance en lo cuantitativo y si bien existe una regulación de estándares y control de calidad, cada vez más exigente, existen problemas sociales que no se están resolviendo, debido a que en el centro del modelo prevalece la utilidad económica por sobre la familia o sujeto social, a diferencia de la autoconstrucción y el cooperativismo, donde igualmente la factibilidad económica es decisiva, pero coexiste en el centro con las necesidades del sujeto social, e incluso puede ser complementada por redes de colaboración, propias de la misma participación activa de los futuros usuarios o la interacción de otras entidades.

Nuestra propuesta como organización, es incluir un modelo que ponga al sujeto social con una necesidad habitacional en el centro, abriendo una política de confianza que permita la posibilidad de no tener intermediarios, sino equipos de trabajo colaborativos. Así integrar a los autoconstructores quienes hoy, a pesar tener una presencia significativa de inversión y trabajo en la producción de vivienda, no son tomados en cuenta, por tanto tienden a caer en procesos precarios y vulnerables, que terminan abultando en conjunto con las viviendas producidas por el mercado inmobiliario social, las cifras de déficit cualitativo que hoy nos aprobleman.

 


 

La Metodología de Autoconstrucción Colaborativa, consiste en rescatar la energía que se ha puesto hasta hoy en la  estandarización de la vivienda como un producto, y enfocarla en la sistematización de un modelo de trabajo de colaboración multidimensional entre el sector profesional, las personas con necesidad de vivienda y entidades públicas y privadas, que permita tener una bajada de acompañamiento y asistencia técnica, para  rescatar de forma segura, los principales elementos de la autoconstrucción y cooperativismo, que son la participación activa y protagonismo de las redes familiares. De esta forma poder canalizar toda esa inversión de capital social, que hoy en gran parte se desperdicia, en viviendas que sean un aporte real a nuestras ciudades y a la democratización de arquitectura.

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Imagen 3.  Esquema conceptual de ” Autoconstrucción Colaborativa”. (fuente: el autor, 2019).

Autor: Sebastián Becerra O. /Director ONG Vivienda Local.