La arquitectura como derecho: la motivación que impulsa el trabajo en Canela

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En Canela viven menos de 10 mil habitantes. De esos, un 20% vive en la zona urbana y un 80% tiene sus casas en la zona rural. Para llegar hasta allí desde Valparaíso hay que realizar un viaje de 4 horas por un camino lleno de curvas, subidas y bajadas. En el trayecto, el paisaje y el clima comienzan a cambiar rápidamente, los árboles son reemplazados por arbustos más oscuros y cactus, y los cerros se vuelven cada vez más áridos.

El centro de la comuna es pequeño y tiene algunos almacenes, la I. Municipalidad de Canela, la plaza, un banco y una larga calle que indica el camino hacia casas que se ubican en localidades cercanas. Allí viven varias de las familias que fueron afectadas por el terremoto de 2015, cuyas casas están siendo reparadas por el equipo de ONG Vivienda Local.

El proceso de reparación de esas viviendas siempre sigue el mismo procedimiento. Comienza con la primera visita y los respectivos levantamientos. Luego el arquitecto/a a cargo debe redactar el proyecto donde se establecen los pasos a seguir, una vez que este está terminado y aprobado por las familias, deben comprar los materiales con los que se harán los trabajos en la casa. Para supervisar el avance las obras, el equipo debe viajar desde Valparaíso y visitar los casos que lo requieren hasta que se finalice la labor.

Esta última no ha sido una tarea sencilla, puesto que algunas familias viven alejadas del centro de la comuna y el viaje hasta sus hogares requiere de bastante tiempo y esfuerzo. Eso sin contar las horas de traslado desde la oficina. Todo esto ha sido un gran desafío, no obstante, para el equipo es primordial que la reparación de las viviendas se realice pronto y de buena manera, para que el tiempo de espera finalice y las familias retornen de manera segura a sus hogares.

Dos arquitectas del equipo explicaron cuál es la motivación detrás del trabajo que se está realizando y qué las motiva a continuar en este proyecto a pesar del desgaste que conlleva.

¿Cómo ha sido trabajar en localidades que están lejos de la ciudad?

Camila Hernández: Yo creo que eso ha sido lo más difícil. Para las personas porque tienen que ir a comprar los materiales a ferreterías que están lejos, en Illapel o La Serena y luego deben transportarlos hasta sus casas y para nosotros que tenemos el deber de hacer visitas de obras también, porque en los lugares más extremos tenemos que destinar hasta una hora y media en traslado. Además, tenemos que arrendar un auto cada vez que vamos y no siempre sirven para el camino, que a veces no está pavimentado hacia la zona rural, lo que también es un riesgo para nosotros.

¿Cuál ha sido tu motivación?

CH: Trabajar con personas que se dan cuenta del esfuerzo que significa viajar para allá y están muy agradecidos. Me motiva poder ayudar a la gente a través de nuestro trabajo.

¿Por qué insistir en trabajar en Canela?

Constanza Lizama: La situación en la que se encuentra la gente y el abandono en que está. De parte del Estado de las distintas oficinas patrocinantes, su necesidad y nivel de abandono. Son los que más necesitan y los que menos oportunidades tienen de acceder por la lejanía. Escuchar sus testimonios y ver el estado de sus casas, que se pueden mejorar mucho más de lo que está, pero que por un tema geográfico no ocurre, me empuja a querer estar ahí.

¿Es una forma de democratizar la arquitectura?

CL: Sí, la arquitectura tiene que ser un derecho, no un privilegio. Te entrega calidad de vida a través del diseño de un espacio. Es una gran responsabilidad para los arquitectos: tienes que entregar eso, a todos por igual, sin importar si tienen para pagar o no.